Las comunidades virtuales globales, muestran interesantes límites, muchos de los cuales preexistían a la posibilidad de estar en contacto virtual público y permanente; pero ahora se ponen en expresa evidencia.
Me ha resultado muy enriquecedora la posibilidad de comunicarme tanto en inglés como en español, no sentir la barrera del idioma da una sensación de libertad.
Coexisten en esta comunidad hablantes del inglés y del español que parecen no mezclarse. Me opongo a los liderazgos ejercidos por medios coercitivos (sobre esto los ciudadanos del mundo que vivimos en países dependientes sabemos bastante); pero también creo renunciamos a nuestro derecho a la queja cuando esperamos que otros tomen la iniciativa.
En agosto hubo varios encuentros virtuales, Darren Draper preguntó en el foro sobre que lengua se debería usar (tomé prestado su título). No recibió muchas respuestas. No asistí a la conferencia, los horarios no me lo permitieron pero además me salvaron de la decisión de participar en un encuentro virtud sincrónico, que confieso me resulta intimidante, no por una cuestión lingüística sino tecnológica (todos tenemos nuestras limitaciones). Darren escribió sobre estos encuentros mostrando su desilusión:
I thought for sure that there would be at least one or two of mis amigos hispanoablantes to show up, as well, but their seemingly thriving sub-community went unrepresented in either session.
Vicky Davis se ocupó de subir uno de los encuentro. Vale la pena bajarlo y aunque sea observar.
Boris me decía que tal
vez los profesores de inglés podríamos oficiar de puente. Creo (e intento esto con mis alumnos) que es más interesante colaborar para abrir cerraduras trabadas y después observar cómo se empiezan a construir puentes, aunque sean precarios e inestables.
Me sorprende las pocas presentaciones en español que aparecen en el foro, esto me llevó a la conclusión errónea de que la mayoría de los hispanohablantes se podían comunicar en inglés.
No creo en la formación de ghetos, terminaríamos sin siquiera poder conversar con nuestro propio inconsciente. Si acentuáramos las diferencias tampoco podríamos comunicarnos los latinoamericanos con los españoles. Nuestras realidades en el aula parecen ser tan diferentes como las que existen entre las aulas de Corrientes y Utah. Y si hablamos del idioma, confieso que cuando veo una película de Alex de la Iglesia o de Gonzalez Irráñitu necesitaría subtítulos en español rioplatense.
Basta de blablabla. Propongo:
Pero sobre todo participar, incluyéndose e incluyendo, utilizando el código lingüístico que
mejor manejemos para decir lo que pensamos. Y ver que pasa. ¿No será interesante ver qué pasa?
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